miércoles, 15 de septiembre de 2010

La llave maestra.

Hablo de la llave, de la llave maestra, la única, la que abre todas las puertas. La llave, la llave que nos hace llorar cuando nos olvidamos que si alguna vez amamos a alguien no existe más la soledad.
La llave maestra es capaz de abrir el candado más cerrado, de despertar hasta el corazón más dormido. Es una llave que va a girar, y va a girar, y va a girar hasta abrir el candado.
La llave maestra abre la puerta de la vida, la puerta de los milagros y la puerta de la fe. Abre los grilletes para sacarnos las cadenas que no nos dejan caminar.
Es una llave que nos vuelve osados, audaces. Esa llave nos abre la puerta a la rebeldía. Es una llave capaz de abrir la celda de la prisión más segura. Es una llave que puede abrir hasta la cerradura más oxidada.
Es una llave que abre una puerta hacia una dimensión a veces desconocida.
Ustedes me están mirando y están esperando que les diga una gran revelación ¿no? Y esta vez los voy a defraudar, no les voy a decir nada que no sepan, la llave la conocen, la tienen, es el amor.

Viendo sin ver.

Vivimos viendo sin ver. ¿Por qué nos cuesta tanto ver de verdad? Ver lo que es tan evidente. Somos curiosos, queremos ver, ver todo ¿Pero estamos preparados para ver de verdad lo que hay para ver?
Todo lo que tenemos que ver está ahí, siempre está ahí a la vista, lo importante nunca está oculto, solo se trata de querer verlo.
Cuando queremos podemos ver con los ojos, con la nuca, con el alma, ver hasta lo invisible.
Ver, verte, verme ¿podes verme, puedo verte? Estoy acá, estás ahí, si queres podes verme, solo tenes que querer. Estás vivo y solo debes despertar ¿Podes? ¿Queres?